Ciudadanía italiana iure sanguinis: la Corte Constitucional abre una herida histórica en la diáspora italiana

La cuestión de la ciudadanía italiana iure sanguinis ingresó definitivamente en el centro del debate constitucional italiano y europeo. Con la Sentencia n.º 63/2026, la Corte Constitucional fue llamada a pronunciarse sobre la ilegitimidad del artículo 3-bis de la Ley n.º 91/1992, introducido por el Decreto-Ley n.º 36/2025 y posteriormente convertido en la Ley n.º 74/2025.

La norma cuestionada produjo uno de los cambios legislativos más drásticos en la historia de la ciudadanía italiana: millones de descendientes de italianos nacidos en el exterior, aun perteneciendo a líneas genealógicas históricamente reconocidas por el ordenamiento italiano, hoy ven negado el reconocimiento de su ciudadanía.

Durante décadas, la Ley 91/1992 reguló el reconocimiento de la ciudadanía italiana para los ítalo-descendientes, estableciendo que podía transmitirse sin límites generacionales.

La retroactividad que divide a Italia de su diáspora.

El artículo 3-bis de la Ley 74/2025 establece que serán considerados “como si nunca hubieran adquirido la ciudadanía italiana” quienes hayan nacido en el exterior, posean otra ciudadanía y no hubieran presentado una solicitud administrativa o judicial antes del 27 de marzo de 2025.

Según el Tribunal de Turín, la norma implicaría una verdadera “revocación implícita y retroactiva” de la ciudadanía italiana.

El principio del vínculo efectivo.

La ciudadanía italiana no puede reducirse exclusivamente a un criterio territorial o funcional. También representa continuidad histórica, pertenencia cultural, identidad familiar y memoria colectiva de la gran emigración italiana.

Una cuestión europea e internacional.

La Asociación Unione dei Discendenti di Italiani nel Mondo reafirma la necesidad de una solución constitucionalmente equilibrada y respetuosa de la seguridad jurídica y de la continuidad histórica de la ciudadanía italiana sin límites generacionales.

Defender la ciudadanía iure sanguinis significa reivindicar un derecho adquirido desde el nacimiento y proteger el vínculo histórico entre Italia y su diáspora.

Hoy más que nunca, millones de ítalo-descendientes exigen el respeto de la continuidad jurídica, histórica e identitaria que durante generaciones unió a sus familias con la República Italiana.